0
Pueblos / Costumbres

Al otro lado del mundo

By noviembre 28, 2019enero 29th, 2020No Comments

Al otro lado del mundo

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2010


La casa y la familia son sagradas.

 

 

Si fuera posible hacer en Centroamérica un pozo que atravesara toda la Tierra, se saldría al otro lado del mundo, cerca de una isla que llaman Sulawesi. En esa isla vive el pueblo toraja. La palabra toraja significa “gente de la montaña”.

En la isla hay muchas montañas y volcanes. El clima es lluvioso. Se cultiva arroz, maíz, café y otros productos parecidos a los que se cultivan en Centroamérica.

Los búfalos de cachos más largos son los más caros.

Los toraja crían chanchos y gallinas, pero los animales más apreciados son los búfalos de agua. Se parecen a una vaca. Los llaman búfalos de agua porque les gusta pasar mucho tiempo en el agua y en el barro de los pantanos. Pueden pesar más de mil kilos, y algunos tienen cachos muy largos, de casi 2 metros. Entre los toraja, la riqueza de una persona no se mide por sus tierras, sino por los búfalos que tiene.

A los toraja les gusta mucho hacer competencias de búfalos. Ponen dos de tamaño parecido frente a frente, en un terreno con charcos de agua. La gente los rodea y les grita para que se animen. Los búfalos bajan la cabeza hasta casi tocar el suelo y empujan hacia adelante, con su cabeza, la cabeza del otro. Es una lucha de pura fuerza, pero no se hacen daño. En eso pueden durar unos 10 minutos. Los búfalos empujan y empujan, y al final uno de los dos se cansa y escapa corriendo. Eso es lo que más divierte a la gente, porque se ve muy gracioso un animal tan grande y tan bravo que escapa perseguido por el que ganó la competencia.

Para los toraja, el nombre de una persona no es muy importante. Si algún extranjero le pregunta a un toraja cómo se llama, lo más seguro es que le conteste dónde está su casa y la casa de sus parientes, como abuelos, padres o tíos. Para ellos la familia es más importante que las personas. Los miembros de una familia tienen totalmente prohibido pelear entre ellos.

Las casas son lugares sagrados, porque allí vive la familia. Están hechas de bambú y madera, sin un solo clavo. Los techos están hechos con varias capas de bambú y parecen cachos de búfalo. En el centro de la casa está el fogón donde cocinan.

Los muñecos se parecen a los muertos que están en las tumbas.

El frente de las casas siempre está mirando al Norte. Lo decoran con dibujos de color rojo, negro y amarillo. También ponen una cabeza de búfalo hecha de madera. Enfrente de la casa hacen una construcción más pequeña donde guardan el arroz.

Cuando duermen, los toraja no ponen sus pies hacia el Oeste, porque creen que allí está el país de los muertos. Los espíritus de los muertos están siempre cerca. Vigilan, escuchan y participan en la vida de sus parientes. Por eso los toraja hacen ceremonias en las que les ofrecen animales, comida y hasta cigarrillos.

Según la religión de los toraja, la muerte no llega de golpe, sino de a poco. Por eso, cuando alguien muere, le hacen al cuerpo un tratamiento especial, lo envuelven en mantas y lo dejan en la casa. Para ellos todavía no está muerto. El cuerpo puede pasar allí semanas, meses o hasta años. Dicen que su alma anda por el poblado donde vivió. Y cuando al final le hacen el funeral, el alma del muerto se va sobre un búfalo al país donde viven las almas.

Los funerales son las reuniones más grandes que hacen los toraja. La familia del muerto puede tardar años en juntar el dinero para cubrir los gastos. A veces llegan cientos de invitados en grupos de familias. Algunos llegan desde lugares lejanos. Para ellos se hacen casas, porque el funeral dura varios días. Todos llevan regalos, como gallos, gallinas, chanchos o búfalos. Durante el funeral se sacrifican muchos animales. En las noches los hombres y las mujeres bailan y cantan, y por eso todos duermen muy poco. Algunos ancianos cuentan su vida con canciones.

Los toraja pocas veces comen carne. Sólo comen la carne que les dan en los funerales. Una parte la cocinan y se la comen durante el funeral. Pero la mayor parte la reparte la familia del muerto para que se la lleven los invitados. Todos esperan recibir un gran pedazo de carne, porque eso quiere decir que son personas apreciadas en la comunidad. A veces, cuando los miembros de una familia consideran que no les han dado suficiente carne, puede haber hasta peleas. Es muy común que a los que reciben poco, los otros les hagan bromas. Los muy pobres se ponen felices cuando a ellos también les dan carne, porque sienten que los toman en cuenta.

En el frente de algunas casas hacen hermosos dibujos en la madera.

Algunas familias han cavado tumbas en lo alto de grandes rocas. Allí llevan a sus muertos. En la entrada de la tumba ponen un muñeco hecho de bambú y madera, para que espante a quien llegue a molestar. Esos muñecos son del tamaño de una persona y están vestidos. Cuando se ve que la lluvia y el sol han dañado las telas, los familiares de los muertos les cambian la ropa. En esas tumbas hay muñecos viejísimos.

Otras familias dejan a sus muertos en cuevas muy oscuras. Cuando termina el funeral, la familia del muerto queda cansadísima. Durante semanas enteras ha tenido que construir casas, atender a los invitados, cocinar para todos y cuidar que no falte nada. Porque si algo no sale bien, los invitados pueden ofenderse y hablar mal de la familia del muerto.

El pueblo toraja ha cambiado bastante en los últimos años. Muchos se han hecho cristianos. Algunos se han ido a estudiar al extranjero. Tienen motos, automóviles y televisores. Ya no se construyen muchas casas con techos como cachos de búfalo. Y los techos ya casi no se hacen de bambú, sino de teja o de lata. Pero a pesar de los cambios, siguen haciendo grandes funerales para honrar la memoria de los muertos. Así las familias de la comunidad se mantienen unidas y no olvidan sus tradiciones.


Ver texto original del libro: