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Pueblos / Costumbres

Bután, un país muy diferente

By noviembre 11, 2019enero 21st, 2020No Comments

Bután, un país muy diferente

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2018


El Reino de Bután se encuentra en los montes del Himalaya. Es más pequeño que Costa Rica y tiene unos 750 mil habitantes.

 

Muy lejos de Centroamérica, en una región del Lejano Oriente cercana a los grandes países de India y China, hay un pequeño país que no tiene costas marinas y es muy diferente de los países centroamericanos. Allí la gente piensa y vive de una manera muy especial.

Para ellos lo más importante no es tener dinero ni vivir con comodidades. Lo más importante es la felicidad espiritual y el respeto por las costumbres y las tradiciones.

La religión más extendida en Bután es el budismo. Se llama así porque se cree que la inició un sabio llamado Sidharta Gautama, conocido como Buda, hace unos 2 mil 500 años. Esa religión enseña que siempre hay que recordar que todos los seres vivos, como los seres humanos, tienen que morir alguna vez. Y eso no debe causar tristeza ni desconsuelo. Tener presente que la vida no es para siempre hace que la gente de Bután valore a plenitud cada momento de su vida y dedique mucho tiempo a la vida espiritual.

Hombres y mujeres de Bután con sus ropas tradicionales.

Como valoran tanto lo espiritual, no se preocupan por tener muchas cosas materiales. Un señor de Bután que estuvo una vez en casa de amigos centroamericanos se sorprendió de que en la casa tuvieran un mueble con muchos platos, fuentes, vasos y copas de cristal. El señor de Bután preguntó qué eran todas esas cosas, y le respondieron que la familia las tenía desde hacía muchos años. El señor preguntó para qué las usaban, y le respondieron que casi no las usaban, y que eran recuerdos de la familia. El señor no entendía cómo alguien podía tener en su casa algo que no se usaba.

Lo que hay en las casas de Bután se usa todos los días. Tienen muy poca ropa. No tienen adornos innecesarios. En las casas y en las calles hay pinturas muy hermosas, pero tienen un significado religioso.

Esa falta de apego por las cosas materiales hace que la gente de Bután sea muy generosa. Ellos dicen: “Si tengo dos caballos y usted necesita un caballo, yo le debo dar uno de los míos”. La gente es muy sensible y se ayudan entre ellos para que nadie pase demasiadas necesidades.

Cuando conocen a alguien, no sólo recuerdan su cara y su voz, sino también su olor. Algunas veces toman de las manos a quien acaban de conocer, y cuando se separan las manos deben quedar tibias. Si las manos quedan frías es una mala indicación del carácter de la persona que acaban de conocer.

Tienen la costumbre de dejar banderitas escritas para desear paz y sabiduría. Dicen que el viento se lleva esos buenos deseos hacia otros lados y así se beneficia toda la comunidad. En esta foto se ven muchas banderitas cerca de un templo budista.

Todo lo relacionado con la religión se respeta mucho. A una señora extranjera que llegó de visita a Bután la llevaron a conocer varios templos religiosos el mismo día. En cada templo le daban agua bendita. Para tomarla hay que ponerse un poco en la mano. La señora recorrió tantos templos que se cansó de tomar agua bendita. Además, le pareció que los recipientes no estaban limpios. Entonces, en un templo, creyendo que nadie la veía, en vez de tomar el agua se la puso a unas plantitas que crecían allí. Pero un niño la vio y se asustó tanto que comenzó a gritar, llamando la atención de toda la gente que estaba en el templo. En Bután, desde niños aprenden a respetar muchísimo las cosas sagradas.

En ese país no se debe cocinar ni comer a la carrera. Huelen y saborean mucho la comida. En sus platillos usan el chile, la cebolla, el tomate, el ajo y el jengibre. Condimentan con especias como la cúrcuma, el cardamomo, la pimienta y la alcaravea, que es una hierba con sabor a anís. Tienen arroz blanco y un arroz rojo que sólo se cultiva en zonas muy altas. Mastican lentamente, muy concentrados en lo que están haciendo. En Bután no hay lo que nosotros llamamos “comida rápida”.

Los alimentos empacados no son bien vistos. La mayoría de la gente prefiere la comida no procesada. Cuantos menos productos artificiales se usen, mejor.

Bután también se diferencia de la mayoría de los países en la forma de medir el progreso. En nuestros países, para medir el progreso se calcula el Producto Interno Bruto. Se conoce generalmente como PIB. Para calcularlo, se suma el precio de todas las cosas que se produjeron en un país durante un año. Desde 1971, el gobierno de Bután ha rechazado el PIB como la única manera de medir el progreso. Para ellos, lo más importante no es el Producto Interno Bruto sino la Felicidad Interna Bruta. Para saber cuánto bienestar hay en el país, el gobierno consulta a la gente sobre su salud física y espiritual. Para saber cuánta felicidad hay en el país, también se toma en cuenta la situación en que se encuentra la naturaleza.

El takin es el animal nacional de Bután.

Se enfrentan los problemas de contaminación con mucho más éxito que en el resto del mundo. Hoy en día, la mayoría de los países usan combustibles que causan contaminación. Y la contaminación del aire está aumentando la temperatura y causando graves cambios en el clima en todo el mundo. Pero Bután, gracias a la capacidad de sus grandes bosques para absorber sustancias que contaminan, podría eliminar del aire 3 veces más contaminación de la que produce. El gobierno se ha comprometido, ante todos los países del mundo, a mantener al menos el 60 por ciento del territorio cubierto de bosques. Se organizan continuamente actividades para sembrar árboles. En el año 2015, en un lugar cerca de Timbu, la capital, entre 100 personas plantaron casi 50 mil árboles en sólo 1 hora.

Durante mucho tiempo Bután fue desconocido para la mayoría del mundo, pues era un pequeño reino en un lugar muy montañoso y apartado. Hace un poco más de 40 años se permitió que llegaran los primeros turistas. Pero el gobierno temía que el turismo llegara a cambiar las costumbres de la sencilla y honesta gente de Bután. Por eso, en lugar de abrir las puertas a una gran cantidad de turistas, se acepta sólo cierta cantidad cada año, y se les imponen muchas restricciones. No pueden ingresar al país por su cuenta, sino que deben usar los servicios de agencias autorizadas, que los llevan en viajes guiados. Y no pueden visitar todo el país. Generalmente, los permisos que da el gobierno sólo permiten visitar la capital y Paro, que es otra ciudad muy bella y con una larga historia.

Con el ejemplo de Bután se demuestra que la gente puede vivir en paz y felicidad con pocos bienes materiales y mucha vida espiritual.


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