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Personajes

De un periódico de 1961

By noviembre 29, 2019No Comments

De un periódico de 1961

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2010


 Iglesia de Cañas Dulces

 

 

Este artículo es una noticia que se publicó en el periódico “La Prensa Libre” del 8 de abril de 1961. San José, Costa Rica.

Dionisio Gómez Mairena está solo y enfermo en una habitación de un hotel capitalino. Justamente hoy, 8 de abril, cumple 110 años de edad. Sus documentos certifican tal longevidad, haciendo constar que nació en Cañas Dulces el 8 de abril de 1851 siendo bautizado en Liberia el mismo año.

110 años cumple hoy. ¡Solo en el mundo!… Pobrecito y solo… Su última voluntad, que lo ingresen a un asilo.

Luchó con su padre y dos hermanos contra una dictadura centroamericana. A los 132 años murió su padre y a los 110 su madre.

Está muy enfermo y solo. –Aaaay!… ¡Aaaay!… Los lamen- tos sucedían unos a otros. En la cama del “Hotel Castilla” por los alrededores del Mercado, un anciano nos contestó:

–Muy mal… Me siento muy mal… No sé ni dónde estoy.  El anciano centenario no se había dado cuenta de que el Ministerio de Trabajo le había sacado del hospital, pagándole la pensión durante un par de días. Es casi seguro que están buscándole plaza en alguno de los hospitales para ancianos.

El anciano, a pesar de sus años, oye perfectamente y tiene mente con lucidez sorprendente.

–¡Vea ese papelito! –muestra al periodista. Todo el mundo le presta gran atención.

Era el documento… que sirve como fe de bautismo con fecha de nacimiento, quiénes fueron sus padres y con la fecha que lo bautizaron.

Durante muchos años –comenzó diciendo–, he servido al Estado. Con mi padre y mis hermanos nos fuimos a luchar contra Barrios cuando pretendía sojuzgar a la América Central. Allá murieron dos de mis hermanos, en la batalla de Chachapa. Mi padre y yo logramos salir con vida.

En una habitación, Dionisio Gómez Mairena espera que Dios disponga qué se va a hacer con él. Cree que su longevidad se debe a no haber tomado alcohol nunca.

–¿En dónde vivía últimamente, don Dionisio? –pregunta- mos.

–En Montezuma. Allá trabajo en la montaña. Pero este maldito dolor de espalda es tan insoportable que me caigo sobre el machete al chapear.

–Cómo, ¿usted trabaja todavía…?

–No me queda otro remedio, señor. ¡Soy muy pobrecito! Los años me tienen abrumado…

–¿No tiene familia?

–No señor. Los dos hijos que no me dejaban trabajar por la edad avanzada, fueron muertos en la campaña del 1948. ¡Qué vamos a hacer!… Dios dispuso que así sucediese…

–Quiero ir a un asilo… No sé qué hacer… Mi vida está perdida y mi cuerpo se niega a responder a los impulsos. Sí… A un asilo… Que no sea a Cartago, porque allí hace mucho frío. Me gustaría que me enviaran al de Alajuela porque allí puedo seguir trabajando en la agri- cultura… Don Santiago Crespo me conoce, aunque ahora no me recuerda… Si no consigo esto, me resignaré a lo que Dios disponga…

Yo he sido muy fuerte para el trabajo. Lo fue mi padre y “mamita” también. Imagínese que mi “tata” falleció a los 132 años y trabajaba todavía.

–¿132 años…? ¿Está seguro?

–¡Cómo no!… Segurísimo… Mamita sí murió “jovencitita” todavía; tenía sólo 110 años.

–¿Considera joven a su mamá a los 110 años?

–Sí, porque trabajaba hasta el último momento.

Cañas Dulces es un lindo pueblo. Hoy día tiene calles, parque, escuela e iglesia.

Cuando le preguntamos a qué creía se debía su longevidad contestó:

–Me he cuidado siempre. Fumé toda mi vida, pero nunca tomé licor… Usted sabe… Después de “la molida”, hay que sacrificar mucho el cuerpo… Y no es eso sólo. Se engendran hijos enfermos… Mi padre tampoco tomaba. Creo que por eso él se conservó con fuerza hasta el final, al igual que yo, de no ser por este dolor… ¡aaayyy!

–Sí. Un ¡ay! doloroso fue la despedida del ancianito.

Hoy que cumple 110 años posiblemente uno de los pocos “robles” centenarios que quedan en el país, esperamos se cumpla su última voluntad; ingresarlo en un asilo para ancianos.

No sabemos cuántos años llegó a vivir don Dionisio. Hablamos con personas mayores de Cañas Dulces y ya no lo recuerdan. Tampoco encontramos datos en el Registro Civil de cuándo murió.


Ver texto original del libro: