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Personajes

Don Joaquín

By febrero 17, 2020No Comments

Don Joaquín

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2005


 

 

Joaquín Jiménez tiene 47 años y es costarricense. Tres veces en su vida ha intentado instalar una soda, y una vez probó con un bar. Pero con ninguno tuvo éxito. Por lo tanto desde hace 20 años se dedica a vender cajetas que él mismo hace.

Comenzó el negocio con un amigo, en una época en que costaba conseguir trabajo. Sabía cómo preparar la cajeta porque su mamá la preparaba en la casa. Dice que cuando uno tiene mucha necesidad es cuando se le ocurren las mejores ideas. El amigo era muy impaciente y se fue a México a probar suerte. Joaquín siguió con el negocio, y es lo que mejor le ha resultado en estos 20 años.

Todas las noches lleva su carrito de metal a la bodega de un amigo. Allí cortan y preparan el coco que usarán al día siguiente. Las cajetas las cocinará sobre la cubierta del carrito.

Cada negocio tiene secretos que sólo se aprenden con la experiencia y 20 años de hacer cajetas lo han hecho un experto. Este negocio ha sido para él la forma de ganarse el sustento, y también la gran escuela de su vida. Él mismo dice: “He tenido que luchar contra mi propia personalidad, porque no soy de los que les gusta andar sonriéndole a todo el mundo con tal de vender. He tenido que escoger entre caerle bien a la gente o ser como soy”. Y escogió ser él mismo. Que la gente le compre no por sus sonrisas, sino porque la cajeta que produce es de la mejor calidad.

La mayor dificultad que ha encontrado es poder cumplir con las leyes. Por más que ha luchado se le ha hecho imposible conseguir los permisos debidos para la operación del negocio.

“Pongan cuidado”, nos dijo don Joaquín: “El Ministerio de Salud pone muchos impedimentos. Hablan de los riesgos para la salud, de las epidemias, en fin, terminan diciendo que no pueden dar permisos. Con la Municipalidad pasa algo parecido. Ahorita sólo tengo un permiso temporal de la Municipalidad. Me han dicho que puedo quedarme aquí “mientras no lleguen otros vendedores”.

Hace algunos años, un policía muy joven llegó a pedirle los permisos a don Joaquín. Él le explicó lo difícil que era obtenerlos. Pero el policía no quedó muy convencido, y siguió llegando a decirle que iba a tener que irse si no los conseguía. Don Joaquín trató de no hacerle caso, pero llegó el momento en que comprendió lo que pasaba. El policía sospechaba que don Joaquín usaba el puestito de venta de las cajetas para disimular algún negocio ilegal. Entonces, un día don Joaquín le dijo: “Si no me cree que los permisos no se pueden conseguir, vaya y trate de sacarlos usted mismo”.

A los pocos días llegó otra vez el policía, y le dio la razón. Había ido a la Municipalidad y al Ministerio de Salud y le fue imposible sacar los permisos. El policía se dio cuenta que para una pequeña empresa como la de don Joaquín es prácticamente imposible obtener los permisos.

Son pocas las personas que entienden la importancia de pequeñas empresas como la de don Joaquín. Aunque sus ganancias son muy pequeñas, él le da trabajo a varias personas. Los primeros son los campesinos que le venden el coco y el dulce de caña. Luego, está el amigo de la bodega que le ayuda a rayar los cocos y por último otro que lo ayuda a vender las cajetas en una bandejita. Todas esas personas logran pequeños ingresos con un trabajo verdaderamente honrado que es orgullo para nuestra comunidad.

También son pocos los que piensan en lo que hay en realidad detrás de cada pequeño empresario. Don Joaquín cada mañana llega a su trabajo solo, pero lo acompañan las preocupaciones por sus tres hijos, que están estudiando “para no heredarles los problemas que he enfrentado yo”, dice él.

Cuando se trabaja en la calle hay una gran cantidad de problemas que surgen a cada rato. Tanto el trabajo como los ingresos son muy inestables. Los cambios de parada de los buses, los cambios en las entradas de las instituciones, la lluvia, el calor, en fin mil cosas afectan las ventas.

Don Joaquín no es sólo un trabajador y un excelente padre de familia. También ayuda a su país a conservar una tradición que de otra manera se perdería fácilmente. Porque la cajeta de coco es una tradición que nació hace muchísimos años, junto al trapiche, como una flor de la sencilla cocina campesina.

Pero ante todo don Joaquín es un ejemplo para viejos y jóvenes. Con su confianza en Dios y en su destino ha demostrado que para ser libre hay que ser valiente. Ha demostrado que el hombre libre puede ser muy pobre pero es honrado.

Ojalá nuestros gobiernos comprendieran que siempre deben ayudar aun al más pequeño empresario. Pues la patria sólo palpita tranquila por el corazón de sus hijos valientes y libres.

 


Ver texto original del libro: