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Evitar el desperdicio

By octubre 28, 2019enero 21st, 2020No Comments

Evitar el desperdicio

  

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2018


Cada año, en el mundo se pierden o se desperdician más de mil millones de toneladas de alimentos.

 

Se calcula que 1 de cada 10 personas en el mundo pasa hambre. La región del mundo donde esta situación es más grave es África. Allí, 2 de cada 10 personas pasan hambre. En todo el mundo hay más de 700 millones de personas que no tienen suficientes alimentos.

Pero más o menos 1 de cada 3 kilos de alimentos que se producen en el mundo se pierden o se desperdician. Las verduras, las frutas y los tubérculos como las papas y los camotes son los alimentos que más se desperdician: llega a perderse casi la mitad de toda la producción del mundo.

Si aprovecháramos todos los alimentos que se producen, no habría gente con hambre en el mundo.

En nuestros países de América Latina, con los alimentos que se desperdician se podrían alimentar 300 millones de personas cada año.

En varios lugares del mundo hay organizaciones que trabajan para darles a personas necesitadas alimentos desechados que se pueden comer. Estos jóvenes colaboran con un banco de alimentos en Paraguay.

Se cree que en los países de Europa y en los Estados Unidos, cada persona desperdicia como promedio unos 100 kilos de comida al año. Se pierden más o menos 4 de cada 10 kilos de alimentos.

Algunas personas han comenzado a buscar soluciones para el desperdicio de alimentos. Por ejemplo, hace un tiempo un señor, en Inglaterra, se quedó sin trabajo y tuvo que pedir ayuda en unos lugares donde regalan alimentos. Son grandes bodegas que reciben donaciones del Gobierno de Inglaterra y de personas que tienen mucho dinero. Fue muy triste para el señor tener que pedir ayuda, pero debía hacerlo porque tenía dos hijos pequeños y su esposa tampoco tenía trabajo.

Cada vez que iba a retirar sus alimentos prestaba atención a cómo trabajaba la gente en la bodega. Y así se dio cuenta de que a veces los empleados botaban a la basura alimentos empacados que se podían aprovechar. Los botaban porque en Inglaterra, igual que en otros países del mundo, muchos alimentos empacados llevan una etiqueta o sello que indica la fecha límite para comerlos, también conocida como fecha de vencimiento del producto. Es muy importante, porque si alguien come los alimentos después de esa fecha podría enfermarse.

Pero en la bodega donde el señor iba a retirar sus alimentos descartaban el producto cuando todavía faltaban unos días para la fecha de vencimiento. Al señor le pareció que tal vez se podía hacer algo para aprovecharlos antes de vencer. Cuando consiguió un trabajo contestando el teléfono en una empresa, comenzó junto con su esposa un plan para aprovechar esos alimentos que se descartaban. Iban a buscar los varias veces a la bodega y a supermercados. Los llevaban a su casa y los vendían muy baratos a los vecinos.

Esta joven recoge cada día alimentos desechados para pre parar comidas de muy buena calidad en Berlín, Alemania.

Les fue tan bien que hasta lograron alquilar un local en un centro comercial. Él dejó su trabajo de telefonista, y ahora atiende a los cientos de personas que llegan cada día a comprarle y están muy agradecidas por el servicio que les da.

En Alemania hay supermercados y huertas que desechan los vegetales que tienen pequeños defectos. Por ejemplo, si un pepino tiene una marca o cicatriz lo desechan. Para venderlo, quieren que se vea perfecto. Lo mismo pasa con otros alimentos, como zanahorias o manzanas, que tal vez tienen partes un poquito blandas. Entonces unos jóvenes de Berlín, la capital de Alemania, pusieron un negocio de comidas hechas únicamente con esos vegetales desechados. Los recolectan cada semana en 10 supermercados y huertas. Cuentan con cocineros que con esos alimentos hacen buenas comidas.

Con el desarrollo de estas buenas ideas, tanto el matrimonio de Inglaterra como este grupo de personas en Berlín nos están llamando la atención sobre el mejor aprovechamiento que se les puede dar a los alimentos. Hay que tener en cuenta que cuando un alimento se desperdicia, también se está desperdiciando todo lo que se hizo para producirlo. Se desperdicia el tiempo y el esfuerzo de quienes lo sembraron y cosecharon. También se desperdicia la tierra donde se cultivó y lo que se pagó por el transporte a los centros de venta.

Sin embargo, más allá de estas buenas iniciativas, debemos ser conscientes de que aún faltan muchas más acciones para lograr una mejor distribución de la comida en el mundo entero y que así ningún ser humano padezca de hambre.


Ver texto original del libro: