Leyendas de Centroamérica

Del Libro Escuela para Todos 2018

 

 

LEYENDAS DE CENTROAMERICA

En Centroamérica hay muchas historias de misterios o de cosas maravillosas que les cuentan las personas mayores a los niños. Forman parte de una tradición que se transmite de boca en boca desde hace muchos años. Algunas de esas historias se encuentran en todos los países, pero otras sólo se conocen en algunos pueblos. Como son leyendas, a veces quien las cuenta les pone algo de su estilo personal, cambiándoles un poco las situaciones o los personajes. Aquí presentamos algunas de esas historias, para que las conozcan o las recuerden nuestros lectores y así evitar que se pierdan en el olvido.

 

 

LA LAGUNA ENCANTADA DE COMAYAGUA

Dicen que hace muchos años, en Comayagua, Honduras, había una laguna encantada. Alrededor de la laguna había muchos árboles de frutas como duraznos, zapotes y nísperos. Las personas que llegaban podían comer la cantidad que quisieran. En la naciente donde brotaban las puras aguas de la laguna se podía encontrar también vino y miel. En las aguas perfumadas vivían sirenas, unos seres muy hermosos mitad mujer y mitad pez, que se la pasaban jugando con lindísimas aves de plumajes coloridos y con los pececillos dorados que nadaban en el agua. Los que decían haber visitado la laguna contaban que mientras se permanecía en ella se olvidaban los sufrimientos y se disfrutaba de un bienestar y una felicidad maravillosos. Las personas que llegaban a la laguna, por más viejas que fueran, se sentían jóvenes, vigorosas y felices. Pero eso sí: nada podía sacarse de ese lugar. Los visitantes no podían llevarse frutas, flores ni ninguna otra cosa. Los que lo intentaban hacían que se desa taran violentas ráfagas de viento, y las cosas robadas se transformaban en grandes vampiros que los perseguían y los hacían escapar de aquel lugar encantado.

 

 

EL JUSTO JUEZ DE LA NOCHE

En muchos poblados de El Salvador todavía se cuenta la historia de una figura oscura, de ojos rojos, que se aparece entre las sombras a quienes caminan de noche. Algunos dicen que anda vestido totalmente de negro, montado sobre un caballo también negro, y que su cara no tiene forma, sino que está hecha de humo. Por donde pasa, se forman fuertes vientos que sacuden las ramas de los árboles. Recorre grandes distancias con un solo salto de su caballo, pasando en un instante de una montaña a otra. El Justo Juez es el dueño de la noche y así se lo dice, con voz de trueno, a quien se encuentra en su camino. Asusta y castiga a quienes se atreven a salir de noche, pero especialmente a los borrachos y a los delincuentes, a quienes castiga con un látigo. También se dice que tiene la forma de un enorme chorro de humo que se arroja sobre los caminantes.

 

 

EL CRISTO DE ESQUIPULAS DE ANTÓN

Cuentan que hace muchos años dos pescadores panameños encontraron una gran caja de madera flotando en el mar. La llevaron a la playa y la abrieron, creyendo que contenía un tesoro. Dentro de la caja había un hermoso Cristo de madera, del tamaño de un hombre y con una corona de plata. Los pescadores ocultaron la caja y se fueron al pueblo de Antón a dar la noticia. El párroco del lugar y algunos vecinos llevaron el Cristo a Antón y lo pusieron en la iglesia. Entonces, un superior del párroco pensó que en Penonomé, que es una ciudad más grande, mucha más gente podría ver el Cristo, por lo que decidió trasladarlo. Pero cuando lo pusieron en la caja, pesaba tanto que no hubo forma de levantarlo. La gente que había acudido vio eso como un milagro, y el Cristo se quedó para siempre en Antón. Como algunos dicen que el Cristo fue hecho en Esquipulas, Guatemala, y llegó flotando desde ese país, ahora lo llaman el Cristo de Esquipulas de Antón.

 

 

EL BARCO NEGRO

Según una leyenda, hace muchos años iba una lancha por el lago Cocibolca de Nicaragua con una carga de cerdos. En eso, los marineros vieron que desde la Isla Redonda les hacían señas. Se acercaron y bajaron a la playa. Allí se enteraron que varios vecinos se estaban muriendo porque habían comido una res picada por una serpiente. Los vecinos les pidieron a los de la lancha que llevaran a los enfermos a Granada. El capitán de la lancha les preguntó si tenían dinero para pagarles, y los vecinos contestaron que no lo tenían, pero que podían pagar con leña o plátanos. El capitán les dijo que la lancha ya estaba repleta de cerdos, y no había lugar para más carga. Por más que los enfermos rogaron, los de la lancha se fueron y los dejaron muriéndose. Cuando se iban, la abuela, con su voz temblorosa, les gritó: “¡A como se les cerró el corazón que se les cierre el lago!”. Desde entonces, la lancha anda perdida. Los marineros no pueden ver ni los cerros ni las estrellas. Dicen que mucha gente se ha cruzado con ellos. El barco se ha puesto negro, los marineros están barbudos y sus ropas hechas trapos. Cuando otra embarcación los encuentra ellos le preguntan para qué lado quedan San Jorge y Granada. Pero el viento los arrastra y nunca llegan a tierra.

 

 

MANAGUAS Y HURACANEROS

En algunos pueblos de Centroamérica cuentan que, durante los huracanes, unos muchachos y mu chachas invisibles vienen por el aire para destruir las milpas y llevarse los elotes. Les llaman managuas y huracaneros. En un pueblo dicen que así sucedió durante mucho tiempo, hasta que a un agricultor lo enojó mucho ver cómo quedaban destrozadas las milpas. Entonces construyó trampas para cazarlos. En un huracán una managua cayó en una trampa. Era una muchacha que al caer se transformó en chompipe. El que había hecho la trampa recogió el chompipe y se lo llevó a su mujer para que lo cocinara. La mujer mató al chompipe y lo cocinó. Se lo comieron y los huesos los echaron a los perros, pero los perros sólo los olieron y no se los comieron. A los tres días llegaron unos muchachos y les preguntaron dónde habían dejado los huesos del chompipe. Cuando llegaron donde estaban los huesos, el mayor de los muchachos echó agua en una batea y después lanzó al aire un carrete de hilo como si fuera un papalote. Se oyó un gran trueno, y de los huesos del chompipe apareció la managua, que se elevó y desapareció en lo alto. Los muchachos se fueron y no volvieron más.

 

 

EL SOMBRERÓN

En algunos pueblos de Guatemala se cuentan historias de muchachas que han escuchado una voz muy hermosa que les canta una serenata. Las muchachas se enamoran de esa voz, y cuando abren la ventana de su cuarto ven que quien canta es un enano, que tiene un sombrero enorme y una guitarra de plata. Es el Sombrerón. Está vestido totalmente de negro, con botas altas de cuero, y lleva un cinturón con una hebilla muy grande. El Sombrerón anda en una mula cargando bolsas de carbón, enamorando muchachas que después de escuchar su canto no pueden pensar en otra cosa. Es como un fantasma que causa mucho miedo a la gente. Las muchachas dejan de comer, dejan los estudios y sólo piensan en ese enano que las ha embrujado. Si van a comer, encuentran tierra en su comida. En las mañanas, los cabellos de la muchacha amanecen con trenzas. Si en la casa de la muchacha tienen caballos, las crines también amanecen trenzadas. La muchacha sólo puede librarse del embrujo si se corta el cabello y recibe la bendición de un sacerdote.

 

 

LOS SIPES

Los sipes o sipitillos son unas criaturas de las que se habla en varios lugares de Centroamérica. Son pequeños, panzones y viven en la montaña. Visten con una chaquetilla. A algunos les llega la barba hasta las rodillas y las mujeres tienen el pelo larguísimo. Los sipes tienen los pies para atrás. Aunque comen otras cosas, lo que más les gusta es la ceniza, así que cuando se encuentran una cocina descuidada se meten a comerse la ceniza. Siempre andan en grupitos de dos a cuatro. Algunas personas dicen que los sipes viven en cuevas y sólo salen de allí cuando tienen hambre. No les gusta que los vean y son muy ariscos. Pueden atacar a quienes se quedan mirándolos.

 

 

EL PEZ GIGANTE DEL RÍO TUIRA

El Tuira es un río de Panamá que desemboca en el Océano Pacífico. Dicen que hace muchos años los vecinos de los pueblos cercanos vieron allí un pez gigantesco. Algunos pescadores con siguieron amarrarle la cola a un árbol de la orilla y comenzaron a cortarle pedazos de carne. El animal, con un violento coletazo, arrancó de cuajo el árbol y lo arrastró en dirección al mar. Pero era un pez tan enorme que se quedó atascado en un boquete que llaman de La Palma, y ya no pudo avanzar más. Al tiempo lo empezó a cubrir una vegetación espesa. Poco a poco se fue transformando en una isla, la Isla del Encanto. Dicen que un Viernes Santo un vecino llamado Nicolás se fue a bañar en esas aguas, aunque le habían advertido que eso no debía hacerse en un día sagrado. Al nadar, comenzó a sufrir terribles dolores en las piernas, pero nadie oyó sus gritos pidiendo socorro. Vio con espanto que sus piernas se habían unido desde los pies hasta las rodillas y se habían transformado en la cola de un pez. Cuentan que Nicolás, que ahora es mitad hombre y mitad pez, se hizo compañero de una sirena que vivía en la isla, y que en los días de Semana Santa se oye allí una suave música que tocan unos músicos invisibles.

 

 

LOS APARECIDOS

Un finquero y su amigo habían viajado varias horas desde muy lejos en un bus y después habían comprado dos caballos para completar el trayecto hasta Bagaces, en la provincia de Guanacaste, Costa Rica. El sol rojizo de la tarde de verano ya iba escondiéndose en el horizonte cuando los hombres vieron en la distancia dos figuras a caballo que se acercaban, un poco borrosas por la ligera bruma que cubría la llanura. Las botas brillantes del anciano jinete, las relucientes espuelas, su blanco sombrero de ala ancha y la ropa totalmente limpia y blanca de la mujer se veían extraños en aquellos campos polvorientos. El anciano dijo a los hombres que se llamaba Ceferino Bastos, y que alguna vez había vivido por allí, pero que hoy andaba con su mujer de visita por esos lugares. Los ancianos se alejaron sin decir nada más, y los dos hombres siguieron su camino. Cuando finalmente llegaron a Bagaces, comentaron con la dueña de la posada su encuentro con la pareja de ancianos. La mujer, sorprendida, les contó entonces que a Ceferino Sánchez y a su mujer los habían matado hacía muchos años unos bandidos para robarles sus caballos alazanes. Lo que los hombres habían encontrado en su camino eran las ánimas de Ceferino y Lucinda, que según la leyenda siguen buscando a los ladrones de sus alazanes.

 

 

EL SISIMITO

Se cuenta en Belice y en otros países de Centroamérica que hace mucho vivía en el bosque un tipo de hombre pequeño, peludo y muy fuerte que parecía un mono. Lo llamaban Sisimito. No tenía rodillas, y por eso su caminar era muy raro. Además, tenía los pies para atrás. El Sisimito comía frutas y hojas, pero su preferencia era la carne, y dicen que podía comer carne humana. Sólo había dos cosas a las que el Sisimito les tenía miedo: el agua y los perros. Por eso se aconsejaba a quienes andaban por el bosque que se mantuvieran siempre cerca del río. Si el Sisimito los sorprendía, rápidamente se podían tirar al agua y el Sisimito no se atrevía a perseguirlos. Otros siempre llevaban un perro y los ladridos del perro asustaban al Sisimito. Se decía que si un hombre miraba direc ta mente a los ojos del Sisimito, por lo general moría en un mes. Si una mujer lo miraba a los ojos, su vida se hacía más larga. Se creía que había sisimitos y sisimitas. El Sisimito mataba a los hombres y secuestraba a las mujeres. La Sisimita mataba a las mujeres y secuestraba a los hombres. Dicen que una vez un hombre que se estaba bañando en un río vió al Sisimito cerca de la orilla, pero el Sisimito, al verlo sin ropas, se puso a reír y no le hizo ningún daño.

 

 

LA CUYANCÚA

Esta es una historia que se cuenta en algunos pueblos de El Salvador, especialmente en el municipio de Izalco, departamento de Sonsonate. Se dice que por los cañales, o cerca de los ríos y quebradas, sale la Cuyancúa, que es un animal muy grande, con cabeza y patas de cerdo y cola de serpiente. Dicen que en algunas noches o madrugadas se oyen sus gruñidos, que son como los del cerdo. Cuando esto se oye, se sabe que viene un temporal, porque la Cuyancúa tiene dominio sobre los ríos y la lluvia. También predice las inundaciones y las grandes tormentas. A veces, los gruñidos se acompañan por temblores de tierra. Cuando se oye la Cuyancúa, la gente se persigna y se prepara para las posibles desgracias que pueden causar las grandes lluvias. Quienes se la han encontrado dicen que causa una gran impresión y algunos dicen que no aparece sola, sino en grupos. También se dice que en los lugares donde la Cuyancúa escarba el suelo para echarse, después brota agua pura que se puede tomar.