Los Doce Pasos – AA

Del Libro Escuela para Todos 2004

 

 

El Libro Almanaque Escuela para Todos siempre ha tratado de reflejar los sacrificios, las dudas y las esperanzas de nuestros pueblos. Una carga dolorosa que hoy muchos llevan es la del alcohol y las drogas. Por eso quisimos dar a conocer un poco los Doce Pasos que recomiendan los Alcohólicos Anónimos. En cada vecindario, en cada pueblo, hay grupos de Alcohólicos Anónimos. Son personas que han pasado por el tormento de la adicción y saben lo que se tiene que luchar para romper las cadenas del vicio. Por eso, pueden ayudar a otras. La insignia AA se encuentra siempre en el lugar en donde se reúnen.

 

 

 

ACEPTAR LA DERROTA

Si el artículo que comienza en esta página y termina en la página 25 le interesa, por favor lea también la carta en la página 191.

Carta a los amigos

 

El sufrimiento que causan el abuso del alcohol y otras drogas en el mundo entero, ha llevado a muchas personas a buscar un camino para librarse o librar a otros de esas cadenas. El movimiento de los Alcohólicos Anónimos es probablemente el que más ha logrado en esa lucha. El camino que señalan puede liberar a una persona del vicio del alcohol pero también de otros problemas. Por eso, después de pensarlo mucho, nos hemos decidido a dar a conocer un poco este camino que consta de 12 pasos. Pero no es nuestra intención convencer a nadie ni dar lecciones. Cada persona es dueña de sus sufrimientos y nadie tiene derecho a lastimarlos. Sólo queremos, con humildad, dar una idea de esos 12 pasos. Son pasos muy duros y sólo los deben intentar personas muy decididas y que por su propia voluntad quieran romper las cadenas de un vicio. No es un camino fácil.

 

 

 

PRIMER PASO

Los alcohólicos son personas de corazón sensible. Casi todos son o han sido muy generosos y bondadosos. Sufren el dolor ajeno y la injusticia del mundo los atormenta. El alcohólico lleva en su pecho como una cadena que le estrecha dolorosamente el corazón. Un trago puede aflojar esa cadena. Pero luego seguirá tomando hasta ahogar todos los sentimientos. Hasta que se callen los clamores de justicia, de amor, de compasión y de odio que oprimen su corazón. Y más adelante, cometerá cualquier barbaridad. Por último, viene el arrepentimiento que duele tanto. Habrá que volver a tomar para acallarlo y aflojar de nuevo la cadena. No todo aquel que toma licor es un alcohólico. Una persona fría, tranquila y orgullosa difícilmente llegará a ser alcohólica. El que piensa primero en su propio bienestar difícilmente llegará a caer en la trampa fatal del alcoholismo o las drogas. Por eso muchos piensan que con un poco de buena voluntad el alcohólico puede dejar esa mala costumbre. Pero no es así. El alcohólico no tiene la fuerza para romper su cadena. Por eso es alcohólico. Admitir sinceramente la propia impotencia es cosa de valientes. Pero es el primer paso y es indispensable.

 

 

 

SEGUNDO PASO

Para seguir hay que estar totalmente convencido que las fuerzas propias están derrotadas frente al vicio. Pero el segundo paso es de esperanza. Hay algo más fuerte que la voluntad humana. Hay un Poder Superior. Un Poder que hace millones de años sacó de la nada el Universo infinito. Y aquí estamos los seres humanos en este pequeño planeta Tierra, tratando de averiguar qué son los astros, qué es el espacio y qué es el tiempo. Pero la mente no es capaz de comprender el tamaño ni la razón de la Creación. Sin embargo, hay quienes dicen que no hubo tal Creación. Que todo existe por sí solo. Los que eso dicen, generalmente no han querido pensar, ya sea por pereza o por ignorancia. Pero hay otros, y son muchos, los que no necesitan averiguar nada. Sólo escuchan la voz del corazón que les dice que son amados por un Ser Superior que misteriosamente siempre está presente. Esa es la sabiduría de los sencillos y humildes. Ellos llevan en su corazón la inmensidad de la Creación y la seguridad absoluta de que existe un Ser Supremo que todo lo puede. Aceptar eso es el segundo paso.

 

 

 

TERCER PASO

Este tercer paso que vamos a explicar aquí sólo tiene sentido para los que han aceptado el paso anterior. Que han aceptado la cercanía de un Dios que ama y se inclina a sostener al que ha perdido la esperanza. Tiene sentido para el que ha renunciado al orgullo. Renunciar al orgullo es algo muy difícil, pues hay que aceptar que se perdió la lucha frente a la vida. Hay que saber rendirse. Como un hombre herido que levanta las manos y entrega su arma sabiendo que ya no puede defenderse frente al enemigo. Es una rendición total sin condición y con una sinceridad absoluta. Es dejar de luchar. Pero en ese momento sucede algo extraño: El ser más derrotado siente que no necesita entregar su arma al enemigo para que lo destruya. Puede entregar su voluntad, su vida y su derrota a un Ser Supremo que lo acoge. Ya no tiene que luchar. Tiene que confiar en ese defensor. Es difícil, pero muchos lo han logrado.

 

 

 

CUARTO PASO

Para dar el cuarto paso se necesita una mente despierta, porque es muy fácil resbalar y caer de nuevo en el abismo de la desesperación. Por eso aconsejan buscar la ayuda de una persona que ya haya dado los 12 pasos. Buscar un padrino, como lo llaman los Alcohólicos Anónimos. Pero lo que verdaderamente resulta es pertenecer a un grupo que ya tenga la experiencia. ¿Por qué? Porque ahora se trata de enfrentar y analizar el mal que uno ha causado a otras personas. Y eso es mucho más fácil en un grupo de personas que reconocen sus propios errores. Que analizan el daño que han causado. Con la ayuda de sus compañeros, la persona descubre sus propios puntos débiles. Puede ser que sufra de un carácter colérico, o que es propenso a la envidia. También puede ser que tenga un deseo desmedido por el dinero o tal vez padece de un enorme miedo. Un miedo disimulado que le impide resolver las situaciones de la vida. Miedo de actuar. Miedo de asumir sus responsabilidades. Pero no lo sabe porque lo que ha hecho durante toda su vida es huir y buscar alivio en la droga o en el alcohol o en cualquier otro vicio. Descubrir esa ponzoña, ese defecto, es posible. Mirarlo frente a frente es dar el cuarto paso.

 

 

 

QUINTO PASO

El quinto paso puede dar mucho consuelo. Sin duda alguna, es muy duro reconocer el daño que se ha causado en la vida de otros. Lo más fácil es decir que la culpa la tienen otros; o decir que fue necesario actuar así. Pero con eso no se sale del problema. Cuando se admite ante un grupo de personas los errores cometidos, se comienza a entender algo maravilloso. La persona y sus errores no son lo mismo. Son dos cosas diferentes. La verdadera persona es más fuerte, más justa, más limpia. Se trata de liberar a la verdadera persona que se encuentra aprisionada por sus miedos, sus errores y sus vicios. San Agustín, que vivió hace unos 1.600 años comprendía muy bien esa situación y por eso predicaba: “Hay que odiar el pecado, pero amar al pecador”. La persona es como una semilla sana y pura, encerrada entre cáscaras ya podridas y pisoteadas por el ayer de la vida. Esas cáscaras se pueden arrancar y hay que mirarlas frente a frente sin miedo, exponiéndolas ante los compañeros de Alcohólicos Anónimos.

 

 

 

SEXTO PASO

Los Alcohólicos Anónimos son verdaderos compañeros y no jueces. Se reúnen para apoyarse, para ayudarse unos a otros. Para escuchar con comprensión las penurias y miserias de los demás. Así llegan a comprender que ninguno es mejor ni superior. Por eso, en esas reuniones se hacen posibles las confesiones completas de todos los errores cometidos. Pues si queda en el recuerdo un secreto que no se quiere confesar, es seña de que aún hay un algo en el recuerdo, en la mente y en el corazón que avergüenza. Algo que no se quiere mirar de frente porque se le tiene miedo, porque causa pavor, porque humilla. Y si alguien le tiene miedo a un enemigo, es porque lo considera más fuerte. Entonces trata de huir y le da la espalda. Y ese enemigo, llegado el momento, lo podrá vencer. Pues lo que se hace es tratar de negarlo, tratar de olvidar. Y para olvidar, lo más fácil es recurrir a la droga o al alcohol. No se puede permitir que el enemigo sea más fuerte. Hay que darle la cara y gritarle: No te tengo miedo. Aquí te expongo ante mis compañeros y con la ayuda de todos te dominaremos. No habrá más humillación.

 

 

 

SÉTIMO PASO

Sin duda se siente un gran alivio cuando se ha podido cumplir a cabalidad el paso anterior. Pues se necesita mucha valentía para enfrentar cara a cara todos los errores pasados. Pero ahora hay que estar muy alerta, porque puede venir la tentación de pensar que se logró esa victoria sólo por el esfuerzo propio. El que confía sólo en sus propias fuerzas ya no se sostiene de la confianza en Dios y tarde o temprano volverá a caer. En la Biblia se encuentran unas palabras muy reveladoras. Dijo Dios: “que te baste mi gracia, pues en los débiles se manifiesta mi poder”. Al comprenderlas, un gran consuelo invade el corazón. El abandonado, el despreciado, el enfermo y el desesperado de repente es alguien en quien se manifiesta el poder de Dios. Si el entendimiento acepta esa luz, toda la miseria y amargura de una vida encadenada al vicio se puede volver en bendición. Para él mismo y para los que lo rodean. Ese es el misterioso poder de la humildad.

 

 

 

OCTAVO PASO

Dicen los Alcohólicos Anónimos que, el que ha cumplido los siete pasos anteriores ahora debe comenzar una vida nueva. Está como un niño que comienza a caminar, a dar sus primeros pasos. Su mente está limpia, porque se ha desprendido del pasado. No tiene rencores ni a sí mismo ni a los demás. Es un nuevo amanecer. Es tiempo de sonreír, de ser amable, de ser alegre. Ya no volverá a atemorizar a nadie. Ya nadie de su familia ni de sus amigos tendrá que mentir por miedo a sus arrebatos. Ya nadie tiene que arder en cólera por un insulto que salga de su boca. Ya no volverá a juzgar los defectos de sus familiares o amigos. Nunca más se los echará en cara. Ha llegado a comprender, que muchos de los errores que cometieron sus allegados, se debían a la intranquilidad que él mismo les causaba. Pero ahora con su alegría, su amabilidad y su comprensión puede lograr que las personas relacionadas con él también pueden cambiar.

 

 

 

NOVENO PASO

Bajo el efecto del alcohol o de las drogas se cometen fácilmente ofensas graves. Y el ofensor casi nunca les da mucha importancia. Pero ¿qué le sucede al ofendido? La persona ofendida se puede sentir lastimada y afligida o atormentada y asustada o engañada y humillada o empeñada en conseguir justicia o deseando venganza o invadida por un odio invencible. Ya no es la misma persona que era antes de sufrir la ofensa. Ha perdido un poco o mucha alegría. Ha perdido confianza en sus semejantes. Con la ofensa se le ha hecho un daño a ella y a los que la rodean. La ofensa es como una llamita que corre destruyendo las relaciones humanas. Hay que reparar. Hay que apagar esa llama. Hay que pedir perdón. Pero también confesar con valentía los desaciertos ocultos. Hay que enderezar las mentiras, devolver lo ajeno, pagar las deudas y reparar toda injusticia cometida. Hay que pedir perdón para limpiar la conciencia de todos los errores pasados para ser libres. Sólo algunas cosas no se deben confesar porque al decirlas causarían daños mayores. Esas son pesadumbres que quedarán en el corazón y que sólo se pueden hablar con los padrinos.

 

 

 

DÉCIMO PASO

El pedir perdón es muy duro y en el recuerdo siempre van apareciendo culpas olvidadas. Pareciera que la penitencia nunca va a terminar. Pero no es así. El pedir perdón y tratar de reparar el daño que se causó, es un camino de liberación y de análisis. Muchas personas que nunca han cometido un delito o una falta grave, sienten que tampoco han hecho nunca algo en beneficio del prójimo. No encuentran por dónde comenzar. Pero el que ha pasado por el infierno de un vicio o de una obsesión y prendido de Dios ha alcanzado su liberación, puede hacer de su vida una fuente de consuelo y esperanza para muchos. Cuántos males causamos todos en la vida sin darnos cuenta. Cuántas ofensas se cometen a diario inocentemente. Pero al analizar las acciones de todos los días, se van encontrando caminos de alegría y la posibilidad de dar amor al prójimo aún en las cosas más pequeñas.

 

 

 

 

PASOS ONCE Y DOCE

Se puede decir que estos dos últimos pasos no son pasos. Son fortalezas conquistadas en las que hay que permanecer hasta el final de la vida. El once es la oración y la meditación constante para mantener vivo el amor a Dios y conocer su voluntad pidiendo fuerzas para cumplirla. El doce es la culminación. Es la alegría de poder servir al prójimo, especialmente a otros alcohólicos llevándoles este mensaje. El que así lo haga, estará protegido contra todo ataque del vicio y de la esclavitud. Nos parece que esta oración de San Francisco, escrita hace unos 800 años, lo dice muy profundamente.

 

 

Señor, hazme instrumento de Tu paz.

Que donde haya odio, siembre yo amor.

Que donde haya injuria, siembre yo perdón.

Que donde haya duda, siembre yo la fe.

Que donde haya desaliento, siembre yo esperanza.

Que donde haya sombras, siembre yo luz.

Que donde haya tristeza, siembre yo alegría.

¡Oh Divino Maestro!

Concédeme

Que yo no busque ser consolado, sino consolar.

Que yo no busque ser comprendido, sino comprender.

Que yo no busque ser amado, sino amar.

Porque dando es como recibimos.

Perdonando es como Tú nos perdona.

Y muriendo en Ti es como nacemos a la vida eterna.