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Reflexiones

Luz en las tinieblas

By febrero 6, 2020No Comments

Luz en las tinieblas
Un testimonio

 
Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2005


 

 

Yo de pequeño tuve muchos problemas. Crecí sin padre, y cuando tenía 10 años murió mi abuelo, que era el que me daba buenos consejos. Éramos muy pobres. Mi madre era enferma, y yo tuve que trabajar desde que tenía 10 años. Ya a esa edad me fumaba las colillas de cigarros que encontraba en la calle, y me hacía cigarros de zacate. A los 12 años ya empecé a fumar marihuana. Pero no me imaginaba que iba a llegar donde llegué.

La drogadicción tiene tres tiempos. Primero uno empieza a probar la droga por curiosidad, o porque se la regalan, o lo que sea. Después viene el disfrute, que es cuando uno se acostumbra a consumir, y dice bueno, si tengo un trabajo y me gano 20, le doy 10 a la familia y 10 me lo gasto en droga. Y uno se cree que puede vivir así, que puede controlar la droga. Pero cada vez va consumiendo más y más, y al final no le alcanza ni con los 20 que se gana porque todo se lo gasta en droga. Y así llega a la tercera etapa, que es la etapa de la esclavitud.

Si uno le pregunta a esos indigentes que están en la calle, durmiendo en cartones, qué pensaban ellos cuando empezaron a consumir droga, todos dicen que ellos pensaban disfrutar la droga para siempre, que nunca iban a ser esclavos de la droga.

Pero uno llega a ser esclavo de la droga, y entonces el Demonio le cobra todo lo que uno disfrutó, todo lo que robó, todas las maldades que hizo para consumir más y más droga.

Así me pasó a mí, y empecé a robar. Al principio cosas pequeñas. Después asaltaba, y robaba las cosas de mi casa para poder comprar el crack y la cocaína. Porque ya entonces consumía cualquier clase de droga.

Mi madre sufría mucho. Porque lo principal que uno le roba a la gente no son las cosas que uno se lleva para después venderlas. Esas cosas materiales no importan porque Dios siempre se encarga de suplir y ayudar. Pero lo más importante que uno le roba a la gente son las cosas que no se pueden comprar ni vender, como la confianza, el amor por la familia, por las demás personas, el amor por uno mismo. Reponer todo eso es muy difícil.

Yo culpaba mucho a Dios. Yo decía que era Él quien le había dado las drogas al hombre. Al principio no quería nada con Dios. Mi esposa me había dejado y se había llevado a mi hija. Yo le reclamaba a Dios porque Él había dejado que yo perdiera a mi hija, que era lo que yo más quería en este mundo. Le reclamaba muchas cosas.

Me fui hundiendo más y más. Cada vez robaba más, cada vez hacía cosas más graves, cada vez más violento. En medio de esa locura de las drogas, una vez, desesperado, le empecé a pedir a Dios que me ayudara. Le dije que si Él estaba allí iba a tener que ayudarme.

Entonces me empezaron a pasar las peores cosas que me han pasado. Me acuchillaron, quedé orinando sangre durante mucho tiempo, porque me habían tocado un riñón. Pero me salvé. Dos veces me llevaron en un auto a matarme, pero las dos veces los tipos se arrepintieron y me dejaron ir. Otra vez me persiguió la policía a balazos. Nunca había estado tan cerca de la muerte. Pero siempre me salvaba.

Ahí empecé a ver la mano de Dios en mi vida, y empecé a sentir que no estaba solo.

Me acerqué a un Centro Evangélico, donde me ayudaron mucho. Conocí mucha gente, y me di cuenta que no sólo podía dejar esa esclavitud de las drogas sino que podía ayudar a otros. Y eso me gustó.

Comprendí que había estado muerto en mis delitos y pecados. Empecé a comprender que había tenido que vivir todo eso para poder ayudar a otros.

Y comprendí que hay dos caminos: el ancho y el angosto. El ancho es el que nos atrae. El angosto es difícil. Pero al final del camino angosto y difícil está la bendición de Dios. Y somos nosotros los que tenemos que elegir el camino.

Algunos creen que están libres, pero nadie está libre.

Los anuncios de cerveza o de licor muestran todo lindo, todo el mundo contento, pero no muestran cuando el hombre después llega a la casa a pegarle a la mujer, o cuando alguien se mata en el carro por exceso de alcohol. No muestran a los niños adictos vendiendo su cuerpo en las calles. Eso nunca lo muestran.

He hecho campañas por todo el país, tal vez la gente fumando droga y yo ahí hablando de la Palabra de Dios. Yo, que sólo sabía hacer el mal. Por eso entendí que son ciertas las palabras de la Biblia: «Dios sacó de lo más vil y menospreciado del mundo, para hacer luz en las tinieblas».


Ver texto original del libro: