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Personajes

Santa Mónica

By noviembre 29, 2019No Comments

Santa Mónica
Esperanza para la familia

 

Del Libro Almanaque Escuela Para Todos 2010


 

 

Mónica nació en el año 332, en el norte de África. Desde joven deseaba dedicar su vida a la oración, pero sus padres quisieron que se casara con un hombre llamado Patricio. Este hombre era bueno para el trabajo, pero de un genio terrible. Además mujeriego y jugador, que no tenía gusto alguno por lo espiritual. Se casaron, y la hizo sufrir muchísimo. Por treinta años ella tuvo que aguantar sus estallidos de ira ya que gritaba por el menor disgusto.

En aquella región de África, las personas eran agresivas. Las demás esposas le preguntaban a Mónica por qué su esposo nunca la golpeaba, y en cambio los esposos de ellas las golpeaban sin compasión. Mónica les decía: “Cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando él grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos… y yo no acepto entrar en la pelea, pues no peleamos”.

Patricio criticaba el mucho rezar de su esposa y su generosidad hacia los pobres. Ella rezaba y ofrecía sacrificios por su esposo y al fin alcanzó de Dios la gracia de que en el año de 371, Patricio se quiso bautizar.

Este matrimonio tuvo tres hijos: dos varones y una mujer. Los dos menores fueron su alegría y consuelo, pero el mayor, Agustín, la hizo sufrir por muchos años.

Patricio y Mónica sabían que Agustín era muy inteligente, y por eso lo enviaron a la capital para estudiar filosofía, literatura y oratoria. Pero a Patricio solo le interesaba que Agustín sobresaliera en los estudios. Nada le importaba la vida espiritual de su hijo. Y Agustín, ni lerdo ni perezoso, fue alejándose cada vez más de la fe y cayendo en los peores pecados y errores.

Cuando murió su padre, Agustín tenía 17 años. El muchacho adoptó las creencias de una secta que afirmaba que el mundo no lo había hecho Dios sino el diablo. Mónica era una mujer bondadosa pero nada cobarde ni débil de carácter. Cuando su hijo vino a la casa para pasar unas vacaciones y le habló de tantas ideas en contra de su fe, ella lo echó inmediatamente. No permitiría que bajo su techo permaneciera ningún enemigo de Dios.

Sucedió que en esos días Mónica tuvo un sueño en el que se vio en un bosque llorando por su hijo. Se le acercó un personaje muy resplandeciente y le dijo: “Tu hijo volverá contigo”, y enseguida vio a Agustín junto a ella.

Llena de alegría ella buscó a su hijo para contarle su sueño. Él le dijo muy orgulloso, que eso significaba que ella se iba a volver de la secta del demonio. Pero Mónica respondió: “En el sueño no me dijeron, la madre irá a donde el hijo, sino el hijo volverá a la madre”. Esta respuesta tan inteligente impresionó mucho a su hijo Agustín.

Mónica pasó muchos años rezando y pidiendo a otros que rezaran por la conversión de Agustín. El obispo un día le dijo: “Confía, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas”. Esto le daba consuelo y esperanza, a pesar de que Agustín no daba la más mínima señal de arrepentimiento.

A los 29 años, Agustín decidió irse para Italia a dar clases. Ya era todo un maestro. Mónica decidió seguirlo para intentar alejarlo de las malas influencias. Ahí conocieron a un hombre muy santo. Se llamaba Ambrosio. Este hombre fue como un padre para ella, lleno de bondad, que le dio sabios consejos. Agustín también lo escuchaba con atención y respeto. Y así fue como Agustín abrió su mente y corazón a las verdades de Dios. Estudió la religión y en una fiesta de Pascua de Resurrección se hizo bautizar.

Mónica ya había conseguido lo que anhelaba en la vida. Ya podía morir tranquila. Y sucedió que estando en una casa junto al mar, mientras madre e hijo admiraban el cielo estrellado y conversaban sobre las alegrías venideras cuando llegaran al cielo, Mónica exclamó entusiasmada: “¿Y a mí que más me amarra a la tierra? Ya he obtenido de Dios mi gran deseo: el verte cristiano”. Poco después le invadió una fiebre, y murió.

El ejemplo de vida de Santa Mónica puede ser de gran alivio y ayuda para las familias de nuestro tiempo. ¡Cuántas dificultades hay también hoy en las relaciones familiares y cuántas madres están angustiadas porque sus hijos andan en caminos equivocados!

Mónica tuvo fe y confianza en Dios. Supo perseverar en la oración y en su misión de esposa y madre. Finalmente su esposo y su hijo creyeron en Dios. Y este hijo rebelde en su juventud, lo conocemos hoy en día como San Agustín, un hombre santo y lleno de sabiduría.


Ver texto original del libro: